Volver a casa
Ahora hay cuatro almohadas.
Un mes y algo. Un mes y días. Últimamente no cuento. Mi día empieza antes de las nueve de la mañana. Empieza cuando el sol se cuela por la ventana puntualmente en cierto ángulo donde algún rayo cae directamente sobre uno de mis ojos. Entreabro, entrecierro, giro sobre el lado derecho y abrazo aún más fuerte alguna de las cuatro almohadas que no fue pateada al suelo. Todo huele a mí. Las cortinas, mis favoritas, se ven amarillas, como las lámparas que mi papá instaló. Un color que me recuerda que el amarillo cuando es cálido significa hogar. Mi día comienza en amarillo cálido.
Una rutina que construyo de a poquitos. Una vida que parece un sueño. Un beso en mi propia frente dado por mi misma. Me celebro ser tan valiente.
¿A esto le tenía miedo? ¿A ser besada directamente en los párpados por el sol? ¿A existir en una habitación que escuchó mi voz jugando a ser doctora, maestra, arquitecta y hasta mamá? ¿A mudarme a una casa que siempre fue refugio?
Ahora todos los espejos son amigos. Me veo, me sonrío, me veo tan feliz. Me siento más yo que nunca.
Mi corazón roto no cruje de dolor, sino de alegría. Me río tan fuerte que pareciera que nunca lloré. Me río de todo, todo el tiempo. El cansancio ya no es tan pesado: ahora hay siestas. Ahora hay tiempo. Tiempo para mis amigas, para mi familia: ¡Tiempo para mí!
Tiempo para cepillarme, maquillarme, bañarme dos veces al día. Tiempo para acostarme sobre el suelo, sentir lo frío del piso, arrugar la nariz. Tiempo para disfrutar los besos del sol sobre los párpados.
Una vida que ansiaba salir fuera de mis maletas. Una vida pequeñita que llamaba mi nombre todas las noches cuando acostada entre lágrimas pensaba que estos días no llegarían. Una vida pequeñita que me abraza y me dice te amo al oído, tal como el sol me saluda por las mañanas para recordarme que no se acabó, sino que inició.
Una de esas mañanas me despertó, fuerte y claro. Me dijo con un brillo especial que me había extrañado. Que mi risa había quedado tan guardada en las paredes de esta casa que sus cimientos se sacudieron de alegría al saber que había vuelto. Que las ventanas extrañaban mi rostro, que el suelo extrañaba mis pies descalzos, que mi cama le había incluso confesado que volver a tenerme en ella se sentía como un abrazo. La ventana de la cocina me saluda por las mañanas como toda una señora, pidiéndome que me detenga y admire el jardín que con tanto amor mamá ya arregló. Todo en esta casa me recibió como quien recibe abril, pidiéndome más flores. Yo solo puedo florecer de a poquito, por ahora, solo brotecitos. Pero ya vendrá la primavera y desplegada ante ustedes seré solo narcisos.
Ahora hay cuatro almohadas, todas para mí. Hay tiempo, mi casa me abraza, soy muy feliz.
Brillo diferente desde que el sol me saluda todas las mañanas.
Brillo diferente desde que me siento escuchada, entendida.
Amada.
S de sol.
A de alegría.
M de mañana.
A de acontecimiento.
R de risa.
A de amor.
Otra vez, soy yo.
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