Volver a casa
Ahora hay cuatro almohadas. Un mes y algo. Un mes y días. Últimamente no cuento. Mi día empieza antes de las nueve de la mañana. Empieza cuando el sol se cuela por la ventana puntualmente en cierto ángulo donde algún rayo cae directamente sobre uno de mis ojos. Entreabro, entrecierro, giro sobre el lado derecho y abrazo aún más fuerte alguna de las cuatro almohadas que no fue pateada al suelo. Todo huele a mí. Las cortinas, mis favoritas, se ven amarillas, como las lámparas que mi papá instaló. Un color que me recuerda que el amarillo cuando es cálido significa hogar. Mi día comienza en amarillo cálido. Una rutina que construyo de a poquitos. Una vida que parece un sueño. Un beso en mi propia frente dado por mi misma. Me celebro ser tan valiente. ¿A esto le tenía miedo? ¿A ser besada directamente en los párpados por el sol? ¿A existir en una habitación que escuchó mi voz jugando a ser doctora, maestra, arquitecta y hasta mamá? ¿A mudarme a una casa que siempre fue refugio? Ahora t...


