saMARa
Pienso en ti. Y todo eso va creciendo en mí como una marea. Te quiero desde lo más hondo. En la primaria aprendí que la fuerza gravitacional de la luna provoca las mareas, que es la subida y bajada del nivel del mar. Me parecía en extremo curioso el tema de la gravedad, una fuerza invisible que no tiene cuerpo, pero sí influencia en todo lo que ocupa un espacio en este planeta. Lo obliga a hacer tierra. Sin la gravedad, andaríamos todos flotando como globos sin destino fijo. Hoy volví a pensar en la marea porque alguien, cuyo nombre nos vamos a guardar, un día mencionó que también compartía este gusto por el mar. Desde ese día decidí, como entre muchas cosas que he decidido desde que lo conozco, que dentro de mi nombre, saMARa, se escondería un océano único para él. Y que mis mareas le pertenecerían: para enterrar sus pies en mi arena, para acostarse en mi orilla, para bañarse en mis aguas. Supongo que la fuerza gravitacional de la luna que él también obse...

